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ELAGUA EN LA HUELLA DE LA VACA


1.

Una llanura amplia, sin cercos. Fría. 

Una niña rastrojea, recoge lo que queda de las cosechas y luego lo prepara, a modo de juego, en una olla pequeña que le regaló su mamá.

Papa criolla, papa negra, sidra, fríjol, ahuyama, vitoria, haba, col..dependiendo de la cosecha. 

Se duerme en una manga cerca de su casa. 

Una niña sufre de miedos. 

No es capáz de irse a dormir con los demás niños, se queda con los papás en la cocina mientras ellos cierran el día. 

Pensamientos intrusivos la asaltan con escenarios catastróficos y terroríficos. Tiene miedo de lo que haya luego de la muerte, las imágenes religiosas son insumo de sus pesadillas. 

Algunas vecinas le han recomendado a su mamá darle a beber del agua estancada en las huellas del ganado. 

Una niña llega a una ciudad a la que llegan muchas personas que están en búsqueda de trabajo y familia. La ciudad tiene un parque con dos iglesias, una calle y un par de fábricas; queda al pie de un cerro gigante que tapa el sol. 

Una mujer joven se trasnocha escuchando tangos y mirando la luna, llega tarde a la fábrica al día siguiente. 


2.

Las casas son grandes y tienen solares compartidos con los vecinos. Se puede sembrar comida y tienen árboles frutales. Todas aman los limones agrios de uno de los palos. 

En las casas viven papá, mamá, hijos, hijas y por temporadas: primos y primas, cuñados y cuñadas, tías y tíos, sobrinos y sobrinas. 

Un grupo de muchachos se aleja un poco del barrio, caminan y caminan, a veces hasta llegar a alguno de los pueblos de donde viene alguno de sus padres. 

Un grupo de muchachos se aleja un poco del barrio y sube el cerro que tapa el sol. 

Un grupo de muchachos se aleja un poco del barrio y pesca corronchos en una quebrada cercana.

Un grupo de muchachos se aleja un poco del barrio y busca sapos en el cementerio para la bruja vecina. 

Un grupo de muchachos se aleja un poco del barrio y se baña en una quebrada rodeada de búcaros. 

Una mujer joven sufre de miedos. No duerme en la noche pensando que el cerro que tapa el sol se va a derramar sobre su casa. No duerme en la noche pensando.

Un hombre no tiene miedo a nada y se exaspera fácilmente: una pelota que rueda por el frente de su casa, una fiesta de vecinos en diciembre, un rumor.   

Un grupo de muchachos se aleja del barrio y coge naranjas y otras frutas. El dueño de la propiedad los regaña, amenaza con dispararles. Se vuelan con las naranjas dentro de la camiseta como si tuvieran barrigas gigantes. 

Un hombre dice que no tiene posesiones que dejar, que la mejor herencia para sus descendientes es el estudio. 

 

Llega el narcotráfico. 


3.

Las casas con solar ahora son apartamentos y viven tres o cuatro personas.

Una niña sufre de miedos. Su cabeza le dice cosas que la hacen sentir mal. 

Una niña espera con la frente pegada en la reja de la casa de su abuela. Sus padres trabajan. Uno de sus tíos la quitó del televisor. En la calle no pasa nada ni nadie. El tiempo es lento. 

Un hombre dice que la mejor herencia que le puede dejar a sus hijas es el estudio. Un hombre le regala apartamentos a sus dos hijos. 

Una niña camina por el parque, busca a su abuelo con la vista entre los señores jubilados y las palomas. No hay mujeres jubiladas (?) 

Una niña cree que el mar queda en el cielo. 

Una niña cumple años. Los adultos se reúnen para celebrarlo. 

Un niño cumple años. Los adultos se reúnen para celebrarlo. 

Una niña cumple años. Los adultos se reúnen para celebrarlo. 

Una mujer no conoce el mar, pero sus hijos y nietos sí. 

Una niña es una niña de su casa. 

Una mujer mayor le pide a la niña que no deje de visitarla cuando pase a la universidad. Que no se le suba el título a la cabeza. 

4.

Una mujer joven recibe una llamada. Escucha la voz quebrada de su padre. Toma un taxi  que le pregunta si el barrio al que va no es muy peligroso. Llega a la casa y en su cabeza escucha una canción:

Ya están aquí, llegaron ya, a la llamada del amor. 

Está muriendo la mamá. 

Ya no habrá razón para ir a ese barrio. 

***

Las llanuras por las que caminaba y de las que se alimentaba son ahora lotes y lotes cercados. La tierra geometrizada alrededor de la propiedad privada. Siempre hay un punto del cuál no se puede pasar, no importa la dirección en que vayamos. 

Todavía nos alimentamos de un pequeño huerto que está al lado de la casa y que es diferente cada que subimos. Me gusta cuando hay maíz porque es alto y uno se pierde aunque sea un espacio chiquito, también me gusta que se le trepa el frijol y crecen juntos. 

Recuerdo la leche empacada en botellas de coca cola sobre el piso de baldosas rojas, al lado bultos de papa y arrumes de col. 

La comida bajaba de la finca que está detrás del cerro que quita el sol. 

Los lugares se comen y se transfieren a las hijas incluso si ellas no lo reconocen.  

El miedo se come y se transfiere a las hijas incluso si ellas no lo reconocen. 

Han pasado 80 años desde que le recetaron el agua de la huella de la vaca y un día me dice: yo parezco hecha de miedos. No sé si no tomó de esa agua o no sirvió. 

Este miedo no parece tener un cuerpo definido, no parece responder a un hecho específico, solo es como una presencia que acompaña y no se puede nombrar más que como miedo. 

El antídoto sería una seguridad igualmente deslocalizada y que toma su mejor cara en el ascenso social y la posibilidad de tener posibilidades.  Yo no sé, pero supongo que va por ahí la cosa. 

Depronto por eso las casas me hablan tanto. Porque son esa concreción, tener casa propia como el último sueño. Tener una casa donde criar a los hijos, para luego pagarles estudio para que cada uno pueda comprar una casa donde puedan criar a sus hijos, pagarles el estudio, pagarles maestrías y que todo esté tan fragmentado que ya no tenga sentido comprar una casa. 

En la casa de su mamá siempre había comida y siempre llegaban comensales además de sus 9 hijos y su esposo. En la casa de ella siempre había comida, más de la que tres personas podían comer. Había un asunto práctico, como si estuviera programada para cocinar para muchos y no pudiera reprogramarse, pero también estaba el hecho de que la comida se le había vuelto simbólica, 


                                          ¿Es el miedo el síntoma o la enfermedad?

SANGRE BLANCA